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Clasificación de las interjecciones.
Las interjecciones se clasifican en:
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Las interjecciones presentan algunas peculiaridades en su empleo idiomático:
Generalmente se emplean en forma aislada, como una expresión de entonación independiente; pero cuando se incorporan en una oración lo común es que aparezcan al principio: ¡ay!, ¡qué dolor!
Cuando se insertan en una oración quedan estrictamente fuera de su secuencia, como si fueran un paréntesis: Lloró la niña,
¡ay!, ¡cómo sufría!
Algunas asumen la forma de expresiones no idiomáticas, u onomatopéyicas, (que imitan sonidos):
¡Puáj!, ¡chit!, ¡plásh!, ¡páf!, ¡pif!
Algunas se unen frecuentemente a los nombres propios, en la forma de los vocativos o expresiones que se emplean para llamar o atraer la atención:
¡Eh, Ernesto!
También se unen a diversas clases de partículas, en diversas expresiones exclamativas:
¡Ay del que se anime a contrariarlo!
¡Guay con los que se le acerquen!
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